Hay una pregunta que pesa más de lo que parece: ¿para qué me levanto por las mañanas? Si la respuesta que te sale es "porque suena el despertador", no eres la única persona. Y justo ahí es donde aparece una palabra japonesa que se ha vuelto famosa en todo el mundo: Ikigai.

El problema es que, al viajar de Japón a Occidente, el Ikigai se ha convertido en otra exigencia más: encontrar tu gran propósito, tu vocación perfecta, eso que te apasiona, se te da bien, el mundo necesita y además te pagan por ello. Y esa versión, en vez de dar calma, genera ansiedad. Veamos qué significa de verdad.

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Qué significa Ikigai

La palabra se forma con dos partes: iki (生き), que significa vivir, y gai (甲斐), que podría traducirse como valor, mérito o "lo que hace que algo merezca la pena". Ikigai es, literalmente, aquello que hace que la vida merezca la pena.

Fíjate en que no dice "tu misión en la vida" ni "tu vocación profesional". En japonés cotidiano, alguien puede decir que su ikigai es cuidar su huerto, tomar el té con sus amigas por la tarde o ver crecer a sus nietos. No hace falta que sea algo grandioso. Hace falta que sea tuyo y que te dé una razón suave, pero real, para empezar el día.

El error del famoso diagrama de cuatro círculos

Seguramente has visto el diagrama: cuatro círculos que se cruzan (lo que amas, lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar) y en el centro, la palabra Ikigai. Es una herramienta útil para pensar en tu carrera, pero tiene un origen occidental: se basa en un diagrama sobre el propósito que se popularizó en internet hace poco más de una década, y al que después se le añadió la etiqueta japonesa.

En Japón, en cambio, el Ikigai no exige que las cuatro piezas encajen. Muchas personas encuentran su ikigai en cosas por las que nadie les paga. Y eso libera: no necesitas resolver tu vida entera para tener una razón para vivirla.

Okinawa: las personas que no se jubilan de vivir

El concepto se hizo famoso por Okinawa, una isla del sur de Japón con una de las concentraciones de personas centenarias más altas del mundo. Cuando se les pregunta qué les mantiene activos, rara vez hablan de grandes logros. Hablan de su huerto, de su grupo de amigos de toda la vida (lo que allí llaman moai), de pescar, de enseñar a los más jóvenes.

Curiosamente, en el japonés de Okinawa no existe una palabra equivalente a "jubilarse" en el sentido de dejar de tener un papel. Siempre hay algo que hacer, alguien a quien cuidar, algo que mejorar un poco. El ikigai no se abandona con la edad: se transforma.

La parábola de las mandarinas

Un joven llegó a un monasterio de montaña angustiado. "No sé cuál es mi propósito", le dijo al anciano monje. "Todos a mi alrededor parecen saber qué hacer con su vida, y yo sigo esperando una señal."

El monje no respondió. Le dio una cesta y le pidió que le ayudara a recoger mandarinas en el huerto. Pasaron la mañana en silencio. Al final, el anciano peló una mandarina, le dio la mitad y le preguntó: "¿Cómo te has sentido esta mañana?". El joven, sorprendido, se dio cuenta de que durante horas no había pensado en su propósito ni una sola vez. Se había sentido útil, tranquilo, presente.

"Buscabas una respuesta enorme", le dijo el monje. "Pero el propósito no se encuentra pensando en él. Se encuentra en lo que haces cuando te olvidas de buscarlo."

Muchas personas pasan años esperando descubrir su gran misión antes de empezar a vivir. El Ikigai propone lo contrario: empieza por lo pequeño que ya te da vida, y deja que el sentido crezca desde ahí.

Cómo encontrar tu Ikigai: un ejercicio sencillo

En lugar de rellenar el diagrama de los cuatro círculos, prueba estas preguntas durante una semana. Respóndelas por escrito, sin pensarlo demasiado:

Al final de la semana, no busques una gran conclusión. Busca repeticiones: lo que aparece más de una vez. Eso, por pequeño que parezca, es por donde empieza tu ikigai.

Tres errores al buscar tu propósito

Pensar que tiene que ser uno solo. Puedes tener varios ikigai a la vez, y pueden cambiar con las etapas de tu vida. Lo que te daba sentido a los veinte no tiene por qué ser lo mismo a los cincuenta.

Confundirlo con tu trabajo. Si tu trabajo te da sentido, maravilloso. Si no, no significa que no tengas ikigai: significa que está en otra parte de tu vida.

Esperar a sentir certeza para empezar. La claridad casi nunca llega antes de actuar. Llega después, cuando llevas un tiempo haciendo algo y te das cuenta de que te importa. Aquí el Ikigai se da la mano con el método Kaizen: pasos pequeños, repetidos, hasta que el camino se revela solo.

Preguntas frecuentes sobre el Ikigai

¿Qué significa Ikigai en español?
Significa "aquello que hace que la vida merezca la pena" o, dicho de forma más cotidiana, tu razón para levantarte cada mañana.

¿El diagrama de los cuatro círculos es el Ikigai auténtico?
Es una adaptación occidental útil para reflexionar sobre la vocación profesional, pero el concepto japonés es más amplio y no exige que te paguen por tu ikigai.

¿Se puede tener más de un Ikigai?
Sí. Muchas personas tienen varios a la vez (la familia, una afición, un oficio) y es normal que cambien con los años.

¿Cuánto tiempo se tarda en encontrar el Ikigai?
No hay un plazo. Más que encontrarlo de golpe, se va reconociendo poco a poco al prestar atención a lo que ya te da energía y sentido.

Para profundizar
Ikigai
Héctor García y Francesc Miralles

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